Pues acá andamos de nuevo balconeando a quienes hacen como que hacen y a quienes no hacen nada.
Asesinaron a Carlos Manzo, alcalde de Uruapan Michoacán, como en el libro de García Márquez el hecho es la crónica de una muerte anunciada.
De nada sirvieron los gritos de ayuda a la que se dice presidenta de todos y a su batman chilango García Harfuch, quienes hicieron oídos sordos al clamor del edil.
La muerte del alcalde Manzo es una señal más de que quien realmente gobierna este país son los poderes fácticos, no la títere que tenemos en palacio nacional que solo sirve para maquillar cifras cobijada por la bola de aplaudidores que “cubren” las mañaneras.
Ahora dicen en la Guardia Nacional que traía 14 elementos para su protección y la pregunta es donde estaban esos escoltas, podrán decir misa pero igual lo mataron.
Los mexicanos de bien ya estamos hartos de que un día si y otro también asesinen a aquellos que se atreven a levantar la voz y denuncian el océano de corrupción que existe en todos los ámbitos del gobierno.
Este crimen es el punto de quiebre de un régimen que ya alcanzo la cúspide de valemadrismo y contubernio criminal en todas las esferas gubernamentales, gobernadores y alcaldes impuestos por el crimen organizado, instituciones otrora libres de sospecha hoy señaladas de corrupción institucional como la marina armada de México.
Los mexicanos no quieren chivos expiatorios en este crimen, es necesario llegar al fondo y de ser necesario la presidenta debe dejar su cargo y que llegue alguien con la voz completa y sin compromisos para poder limpiar toda esa podredumbre que hay en palacio nacional, congreso y senado porque el hedor sale por todas las rendijas.
Y saben que mejor hasta la dejo no vaya a ser que hiera susceptibilidades.














