Campesinos unidos de Sinaloa.
Este ataúd no guarda cuerpos, guarda ilusiones rotas, cosechas que ya no alcanzan, tierras que se agotan sin apoyo y productores que han sido olvidados por quienes deberían defenderlos.
El campo no murió solo. Lo mataron la indiferencia, los precios injustos, la falta de agua, los abusos de los intermediarios y el abandono de las autoridades.
Pero detrás de este símbolo de muerte también hay algo que no podrán enterrar: la dignidad del productor, la fuerza del campesino y la esperanza de que el campo resucite cuando la justicia vuelva a sembrarse en esta tierra.
Hoy lloramos por el campo… pero no nos rendimos. Desde esta tierra, seguiremos luchando por devolverle la vida.














