Navolato, Sinaloa. — La brisa cálida de la costa apenas comenzaba a bajar el calor de la tarde cuando el murmullo del mar fue roto por una ráfaga de disparos. Eran pasadas las tres y media de la tarde del domingo 7 de septiembre cuando lo que parecía una jornada de descanso y convivencia en la playa del Tetuán viejo, en el municipio de Navolato, se transformó en un episodio de pánico, violencia y desconcierto.
Familias enteras corrían en desbandada. Niños llorando, hieleras abandonadas, toallas tiradas sobre la arena: todo quedó atrás en segundos cuando elementos de la Marina Armada de México irrumpieron en la zona, en lo que más tarde se sabría fue un operativo que terminó con saldo fatal.
Según testigos, la presencia de los marinos no fue anunciada ni advertida. Llegaron con sigilo, armados, desplegados por detras de las viviendas. El silencio previo al estallido fue breve, pero denso. Luego, el estruendo: ráfagas de alto calibre y gritos que no provenían de quienes paseaban por la playa, sino de los propios elementos operativos, exigiendo rendición, sometimiento, alto a un grupo delictivo compuesto por al menos 13 sujetos.
En medio de la refriega, un civil fue abatido dentro de una casa presuntamente invadida por los civiles armados. El cuerpo fue levantado por personal del Servicio Médico Forense (SEMEFO) del inmueble, donde también se encontraban armas de fuego, cargadores, cartuchos útiles y varios chalecos tácticos, evidencia del uso del lugar como presunto punto de resguardo para fines ilícitos.
Además del fallecido, diez personas fueron detenidas por la Marina, mientras que otras dos lograron huir entre los manglares y caminos de arena que rodean el paraje costero.
Pero la operación también dejó secuelas psicológicas entre los civiles inocentes que repentinamente quedaron enfrente del forcejeo y los movimientos tácticos que no distinguieron entre playa recreativa y zona de conflicto.
A pesar de la magnitud del operativo y la presencia de familias en el área, no se activó ningún protocolo de evacuación ni de contención civil. “Nomás vimos que llegaron de golpe, armados, sin decir nada. Después empezaron los balazos… los niños lloraban, todos tirados en la arena”, relató una mujer que pidió el anonimato.
“No nos sacaron ni nos protegieron, nos dejaron a nuestra suerte con el riesgo que nos salieran los delincuentes que huyeron entre los manglares”.
Hasta la noche del lunes y mañana de este martes, las autoridades no han emitido un comunicado claro sobre los motivos del operativo, la identidad de los detenidos ni del civil abatido.
El hermetismo ha sido la constante. Las versiones extraoficiales apuntan a que se trataba de un grupo delictivo que se ocultaba en la zona, aunque tampoco eso ha sido confirmado de forma oficial.
Algunos pescadores advirtieron que comunidades como el Tetuán Viejo, las Aguamitas, El Castillo, las Puentes y Dautillos se encuentran invadidas de grupos delincuenciales que tienen campamentos en los manglares y que incluso están asentados en casas abondonadas desde donde deciden los horarios en que se puede salir a pescar o realizar actividades de comercialización de las distintas especies.
Mientras tanto, la playa del Tetuán viejo —conocida por sus paisajes serenos y su ambiente familiar los fines de semana— quedó marcada por el miedo. La arena aún guarda huellas de botas tácticas, casquillos percutidos y algunos restos de lo que fue una tarde común entre ceviches, botanas, risas y sombrillas, antes de que se impusiera el estruendo de las armas y el silencio de las autoridades.
¿Cuántos hechos de esta magnitud, las autoridades callan?














